MARÍA HERREROS
Y JORGE HERRERO
Cata de palabras, vocabulario para sibaritas

Del 15 de marzo
al 15 de junio de 2014
Muestra de arte y creatividad
El Convent, Espai d'art
Vila–real, Castellón

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Diplodocus

A priori grandota, inabarcable, de talla descomunal, pero al instante se torna simplona e infantiloide. En boca camina lenta, se entretiene entre las papilas gustativas e incluso se tumba un rato en la lengua. Marcado aroma a desprendimiento rocoso que llega hasta la carretera y produce desperfectos, aunque sin lamentar daños personales. Pronunciar a gritos y apuntando con una varita de rama de acebo para conseguir un divertido efecto de encantamiento, capaz de convertir a una señora cascarrabias en un pequeño topo. Funciona fetén poniendo voz de Sloth.

Cachivache

Término torpón y desaliñado que acostumbra a tropezar de forma aparatosa, una y otra vez, rodando a trompicones escaleras abajo. Textura chiclosa, tirante, con regustillo a juego de niñas repipis en el patio del parvulario. Acompañado de un sencillo estirón en la comisura lateral de los ojos, se hace pasar por vocablo chino de significado incierto. Masticar entre horas sin restricciones, ideal para hacer tiempo en atascos, salas de espera o duty free.

Catalejo

Sustantivo cobrizo, de aspecto noble y distinguido. Intensidad aromática con predominio de olores a mar, óxido y aventura. Destellos de infancia y película antigua, con notas de celuloide, polvo y recuerdos entrañables. En boca se insinúa karateca para terminar en carraspeo, con sílabas persistentes y sobredosis de jota en la garganta.

Malvavisco

Joven, húmeda y beige. Reminiscencias a pista de baile, piedras preciosas y pescado azul. Denota rareza exótica y venenosa, de textura escurridiza que bien podría ser de origen alienígena. Predominio de uve en boca, con ele firme en el paladar que perdura tras la pronunciación.

Consejos: Servir bien caliente, preferiblemente susurrada al oído.

Bolinche

Sustantivo pelirrojo y rechoncho, con la cara llena de pecas y una de esas gorritas de colores que llevan hélice. En el paladar resulta inocentón, aunque tiene una sonrisa de pillo que no se la quita ni Dios. Aroma a tirachinas, rana en bote y cabaña en el árbol, con un puntito de barro en la suela. Retrogusto latinoamericano con predominio de frijoles y disparos al aire.

Pilingui

Adjetivo que hace tilín, como campanilla de llamar al servicio o flechazo entre adolescentes. Es cuco, afeminado y con boquita de piñón. De cuerpo fino y blandito que recuerda al dedo meñique de una ilustre dama de la burguesía en el siglo XIX. A destacar la abundancia de íes, que confiere al orador un aire de lo más estúpido.

Consejo: Pronunciar tres veces seguidas frente al espejo para invocar al hada de los buenos deseos.

Fiordo

Palabra entrada en carnes, enganchada a los perritos calientes con salsa de mostaza y al foie-gras de supermercado a altas horas de la madrugada. Malhumorada, sabionda y con raya al lado, siempre con un asunto importante entre manos y poco tiempo para memeces. Dicción ácida que da lugar a un entretenido coleteo en la lengua, desde el paladar hasta la retaguardia de los dientes.

Nota: Poco amigable, acariciar horas antes de la conversación para ganarte su confianza.

Chancleta

Masticable en boca y pegajosa al oído. Aroma de risas, pataleo y aplauso de foca. Cuerpo achatado, mórbido, que se engancha a la lengua, choca contra los dientes y estalla como pompa de chicle. Tonos azul celeste, verde kiwi y rosa fucsia con chispas de arena entre los dedos de los pies.

Cataplín

Infantil, saltarina y algo pilluela. Macerada con mucho cuidadito en señora noblota, corpulenta y de mejillas sonrojadas, que se ríe a carcajadas con los chistes picantes más básicos. Palabra muy fresquita que pone contento, chisposa en los labios y tintineante al oído. Pronunciada convenientemente es capaz de aliviar una disputa o generar pensamientos inocentes.

Disparate

Buen boca a boca. Término nómada circense que viaja en carromato zíngaro. Su gran número consiste en saltar a una ridícula piscina de goma desde lo alto de un trampolín. En los labios desprende un ligero, casi imperceptible, regustillo a quiosco de barrio, de esos que colocan cuidadosamente los coleccionables a ras de suelo. Suaves matices a pistola de agua, toldo de heladería y nariz roja de payaso con zapatones de pega.

Consejo: Pronunciar con acento mexicano para más inri o en argentino para invitar al suicidio.

Guatiné

Palabra tierna de semblante calentito, cuerpo afelpado y textura entrañable que, sin embargo, esconde un tono altivo y fanfarrón en el hall de un distinguido restaurante francés. Si se pronuncia con firmeza frente a un jurado popular puede sonar a confesión concluyente, con murmullos de asombro por parte del público. Según el contexto, servir en copa de champagne o en mesa camilla con estufa de resistencia eléctrica.

Gayumbos

Forzuda y de aroma cambiante, a veces limpio, a veces fétido. Maridaje delicioso entre la segunda y tercera sílabas, con eme infinita y be contundente. A ratos le cuesta, se adhiere al paladar y allí se queda. En función del tiempo de maduración, retumba como explosión subacuática de torpedo soviético contra submarino yanqui o puede sonar a chiste.

Consejos: Pronunciar con solemnidad o a cámara lenta en la intimidad.

Tortuga

Palabra dura, con sabor a paraíso, tierra mojada y pachorra. Cocer a fuego lento en cacerola esmaltada de porcelana y retirar cuando haga chuf-chuf. Acompañada de tambores de fondo sonará a sacrificio humano en el corazón de la selva amazónica, tratándose probablemente de una pareja de exploradores ingleses de pantaloncillos caquis y gorras cubre nuca.

Chiste fácil: Leer la frase “esto es una tortuga” con acento francés.

Pantufla

Apariencia tontorrona e ingenua. Sale disparada de la garganta con ímpetu, capaz de atravesar un muro de hormigón; pero, en un descuido tonto se pincha con un alfiler olvidado y se desinfla hasta quedarse fofa, como tríceps de yaya centenaria. En la noche, allá a lo lejos, resuena con eco, como los disparos de la benemérita sobre un grupo de prófugos que corren campo a través.

Nota: Pronunciar con rapidez muchas veces seguidas, just for fun.

Tarrina

Voz diminuta y coqueta que, al desenroscar libera un agradable olor a cosas buenas: miel, pequeñas bolitas dulces y crema de cacao. En boca se enreda y juega. Longitud correcta, de fácil dicción y lectura apetecible a la hora de la merienda. Contiene fruncido de ceño ruso y grito de guerrera indígena, presumiblemente amazona.

Consejos: Pronúnciela con cuidado el varón, pues acostumbra a manchar el bigote.

Borbotones

Término arrugado y burbujeante que salpica en bucle. Presenta leves toques de río caudaloso y cacerola de spaghetti a medio cocer, con gotas humeantes junto al fogón. Color rojo sangre y aroma denso que esconde un lamento de señor mayor cabizbajo, autor de crónicas sobre la Guerra Civil española. En boca se abulta, bulle y recorre el paladar como tobogán acuático.

Piscolabis

Sustantivo que hace cosquillas y da ganas de mear. Sinuoso, hipnótico, de lengua bífida. Se desliza por el paladar con mirada penetrante y trepa por la nuca hasta el cuero cabelludo, donde provoca repelús y gustirrinín. Pronunciada por un joven de mejillas sonrojadas y pullover verde chillón puede sonar a plan ñoño, especialmente si el susodicho se acerca corriendo con una estúpida sonrisa en la cara. Sabor a aceituna rellena y papas, la una encima de las otras.

Anticiclón

Palabrota de aspecto marmóreo y cuerpo acorazado que pesa un huevo. Apenas sale de la boca, mantiene rumbo fijo hacia el abismo del Tártaro, tirando por el Inframundo a mano izquierda. Esencia a tridente de Poseidón, bíceps excesivo y manifestación violenta. En boca del hombre del tiempo se apacigua hasta aburrir, ideal para degustar en sobremesas o siestas.

Atención: Pronunciar bajo la supervisión de un experto; contiene fuertes dosis de esteroides anabolizantes y hormona de mono.

Termita

Palabra geométrica y mineral de aristas puntiagudas. Se antoja explosiva, inflamable, presumiblemente dañina al paladar. Dicción incómoda que revela un par de colmillos inyectados en veneno verde. Posee la habilidad de brillar en la oscuridad, como esas estrellitas de pared que no se pegaban muy bien sobre el gotelé. Conservar en la vitrina de la abuela o sobre mesita de noche con tapete.

Maridaje: Acompañar de -tarabuelo o -lonario para hacer el tonto y molestar al guaperas del grupo, que se las da de superior, pero en realidad te tiene envidia.

Libélula

Voz de origen élfico, forjada en las laderas del monte Nuboso por tipos de cabello lacio y orejas picudas. Conlleva reverencia sutil y soporífera, con bajada lenta de párpados y suave inclinación del mentón. Sonreída, muy de buen rollito, dispuesta a reivindicar libertades coartadas y a meter margaritas en los cañones de los fusiles.

Nota: Posible bullying a la be, pues las eles la llaman gorda en los pasillos del instituto. Enunciarla con énfasis para evitar que la pobre se sienta desplazada.

Achuchón

Término envuelto en saliva, 100% comestible. Gusto cambiante y repleto de matices que van desde el bocata de fiambre hasta un Werther’s Original. Pronunciar con palito, tipo piruleta, y cuando se acabe otro. Funciona genial con una de esas chicas ligeritas de cascos que salen en las películas de Pajares y Esteso, pero en conversación de amigotes puede dejar al hombre en ridículo absoluto.

Nota: Tener siempre a mano un mondadientes; es fácil que se te quede en las muelas.

Mindundi

Adjetivo rudo, rebosante de testosterona. Sabor a líder de tribu sudafricana pillado justo en el momento de negociar las condiciones del enlace de su hija menor. Matices de arcilla blanca en las íes y taparrabos de piel de cabra a partir de la segunda sílaba. Tono amarillento, a veces tostado, como lomo de leona adulta agazapada entre la maleza o torso humano sudoroso. La palabra ideal para acompañar un ritual de iniciación chamánico alrededor del fuego o hacer el subnormal.

MARÍA HERREROS
VALENCIA, 1983

JORGE HERRERO
VALENCIA, 1982

CATA DE PALABRAS, VOCABULARIO PARA SIBARITAS
Jorge Herrero

¿Las cuclillas pican? ¿Cuánto rebota una albóndiga? ¿Y el almíbar? ¿Es realmente así de dulce o esconde una personalidad oscura y revolucionaria?

Algunas palabras no son lo que parecen… típico que te las cruzas por la calle y piensas: “¿Qué hará una palabra así con un significado como ese?”. Esta observación, que a priori puede resultar inútil, es el argumento de la obra que tienes en tus manos.
Cata de palabras, vocabulario para sibaritas es un experimento absurdo o no, que consiste en chupar la cáscara de las palabras y tirar lo de dentro. Desde luego que no existe ninguna base científica de por medio. Aquí no hay normas ni manuales de uso; no importa el contexto de la oración o la etimología de las palabras. Lo realmente atractivo es jugar con ellas, echárselas a la boca y cerrar los ojos para sentir cómo se deshacen hasta perder su significado original. El resultado es una cuidada selección de palabras deliciosas por su significante, no por su significado, que ofrece al lector una nueva perspectiva del lenguaje y otro pasatiempo estúpido para esas tardes de domingo.

¿Y esto? ¿A santo de qué? Pues todo comenzó con una sola palabra: chancleta. Se coló descaradamente en una conversación en la que no pintaba nada y con la tontería terminó por convertirse en el centro de atención.

Chancleta. Sonaba graciosa, masticable, así que la repetimos varias veces, aportando siempre matices nuevos. Tan en serio iba la cosa que cuando nos dimos cuenta estábamos analizando su textura, su sabor y hasta su aroma, ignorando a ese objeto de caucho que ahora tienes en mente. Entonces tuvimos una minúscula revelación, un secreto tan mal guardado que cualquiera podría haberse dado cuenta: las palabras llevan una doble vida. Es así, por el día trabajan para la RAE en las mejores enciclopedias, diccionarios y vocabularios de la ciudad, haciendo lo que todo el mundo espera que hagan, pero al sonar la campana se arrancan el significado, lo arrojan al fondo de sus taquillas y salen a pasárselo bien.

Tal vez sea una chorrada, pero hay quienes defienden que la realidad es cien por cien subjetiva y puede tener infinidad de lecturas, más allá de lo prefabricado. Entre ese peculiar grupo de personas nos encontramos María Herreros y Jorge Herrero, autores de este libro y de algún que otro disparate más. Ella, artista de nacimiento, ilustradora compulsiva y defensora del trabajo duro; él, redactor publicitario, aprendiz de escritor y experto en pensar cosas raras; ambos, con la casa llena de cuchillos de palo. En este pequeño proyecto, sin más pretensión que la de entretener, confluyen nuestro gusto por lo irracional, el afán por buscarle tres pies al gato y una particular manera de ver la vida, presente en cada trazo y en cada letra.

Nuestro objetivo, como ya advertíamos, no es otro que el de hacerte pasar un buen rato en compañía de las palabras. Puedes reírte en su cara, acariciarlas, golpearlas contra la pared, regalarles un fin de semana romántico en la sierra o experimentar sexualmente con ellas. Lo que quieras. Sólo ponemos una condición: cuando te las encuentres de frente haz como si no las conocieses de nada; con este pequeño truco te resultará mucho más fácil juzgarlas únicamente por su físico y detectar esa segunda identidad que muy pocas veces se aprecia. Y hasta aquí la teoría, ya va siendo hora de comenzar tu visita por esta inusual bodega. A lo largo del recorrido tendrás ocasión de probar algunos de nuestros mejores vocablos, seleccionados cuidadosamente a mano generación tras generación. Te invitamos a saborearlos con todo el mimo del mundo, algo de imaginación y un traguito de agua entre cata y cata, como suelen hacer los que saben de vino.
¡A tu salud!